martes, 1 de julio de 2014

Los Jinetes del Apocalipsis VI: La batalla final de los karategrinos

Amaneció la expedición en el albergue San Antón. Habíamos dejada la ropa dispersada por la habitación con la esperanza de que secara un poco pero apareció prácticamente igual de mojada. Esta vez la batuta sinfónica nocturna la tomó Javi con su obra maestra "El hinchador de globos" aunque Mario, como buen amigo, le relevó a lo largo de la noche.

Con la esperanza de que la amable chica del hostal me pudiera prestar algo parecido a un secador de mano para secar algo mis playeros me acerqué a recepción. Ante la pregunta, ella me respondió "No tengo, pero igual si los metes en la secadora..." A ver, si me entero bien. Llegamos como si nos hubieran tirado calderaos de agua, ponemos la ropa a secar tirada por cualquier lado, nos levantamos con la ropa toda mojada y nos acabamos de enterar que hay secadora???


En fin, calmamos el cabreo inicial y dejamos que uno de los ingenieros del grupo (Mario) fuera el encargado de poner la secadora a ver que podíamos rescatar en 30 minutos. Aún así, esta tarea tan sencilla tuvo tiempo a confundirse introduciendo el dinero para el propósito en el monedero que ponía claramente "Lavadora" (el de al lado era de la secadora), encima asegurando que lo que pasaba es que no funcionaba...





Bueno por si interesa el invento de meter los playeros en la secadora no fue mal del todo, seguían mojados pero por lo menos estaban calentitos.


Cogimos nuestras bicis y nos pusimos en ruta. Esta vez fue la única vez que ví a Ferre con prisa. El motivo era que quería ir a un sitio de comer que le había recomendado un amigo suyo. La verdad, otra cosa no, pero el tema gastronómico Ferre y sus amigos lo deben llevar al dedillo.


Pues lo dicho, cogimos las bicis y cogimos ruta. Esta última jornada, nuestros caminos se separarían ya que mi intención era hacer toda la ruta por camino mientras que el resto optaba por la carretara. Aún así los primeros km los hicimos juntos por camino.

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Caleyando, consciente de que mis compis rodaban más rápido por carretera, decidí ir a buen ritmo pero siempre respetando a los grupos de peregrinos, que en este tramo eran francamente numerosos. La verdad es que me estaba prestando mucho, los caminos recordaban a los típicos asturianos rodeados de árboles y con un toque místico dado por la niebla. Me daba pena que mis compis no pudieran disfrutar de esta parte.


Paré a que algún peregrino me sacara alguna foto para poder enseñar los parajes a mis compañeros. Fui cruzando pueblinos y parándome a disfrutar pero sin perder la noción del tiempo.


Los mojones iban indicando que el destino estaba llegando.

De vez en cuando, al cruzar la carretera general, me cruzaba mis compis. Otras veces los podía verlos a los lejos. Supe que iba a buen ritmo así que seguí disfrutando de las caleyas, alguna al más puro estilo asturiano.





En uno de los tramos de carretera, me crucé con un grupo de BTT que bajaban de una furgoneta. Uno de ellos me adelantó llaneando con una bici que tenía pinta de carilla. Como estaba bastante antento a mi gps y sabía que venía un repecho largo, decidí ponerme a rueda para ver como andaba la gente por ahí. El tío no andaba mal, ahí ahí anduvimos hasta que se desvió del camino jeje

Habíamos quedado en O Amenal y en O Amenal nos encontramos toda la expedición con bastante sincronía.




Ahora sí que quedaba ya lo último. Unas cuantas subidas solamente. Fer llevaba casi todo el día pedaleando con una pierna sólo por el dolor que tenía en la otra. No quiero pensar cuando tenga la rodilla currada lo que va a andar, seguro que afeita las caleyas jeje

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Fuimos subiendo hasta que llegamos a la cima del Monte do Gozo. El día estaba bastante cerrado por lo que no pudimos disfrutar mucho de las vistas del lugar.


De ahí ya todo era para abajo hasta Santiago. Aquí ya todo eran risas y cachondeo ya que sabíamos que estaba todo hecho. Sólo uno (bueno o dos según se mire...) seguía en tensión Ferre y su estómago. En su cabeza sólo debía sonar "Comer, Comer, Comer".

Llegamos a Santiago y callejeando por fin llegamos a nuestro destino. Allí, puntual, estaba nuestro amigo Valentín, nuestro patriarca, que nos venía a buscar desde Asturias. Seguro que la próxima nos acompaña con la bici.


Después de las fotos de rigor recogimos nuestra preciada Compostelana. Tres días y medio para cubrir los 350 km de ruta, un perecido premio paara todos los integranes de la expedición.



Después de coger el diploma, Ferre seguía intranquilo. En su cabeza sólo resonaba "Comer, Comer, Comer". Llegamos al bar/taberna/restaurante y, ni cortos ni perezosos candamos las bicis a fuera, dejando las alforjas y todo (idea de ferre y eso que su bici era la más codiciada).

El cambio en Ferre fue radical, una vez que nos sentamos, sólo le faltó ponerse a bailar una Jota encima de la mesa.


Después ya sobremesa, souvenirs y sacar la foto que hace nombre al equipo y a su personalidad: "Los karategrinos".


Antes de poner el vídeo resumen del día quiero agradecer enormemente a Valentín el detalle tan grande que tuvo al venir a buscarnos. También quiero agradecer a mi compi de btt y amigo Peter Stone que nos prestó su furgoneta como medio de transporte para las bicicletas.  Da gusto tener amigos así.

Ahora sí, el vídeo de la última etapa.


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Muchas gracias y esto es todo amigos.



3 comentarios:

  1. ¡Vaya ganes que me metiste! Ahora mismo me pongoa preparala pal añu que viene.

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    1. jaja tien que ser un espectáculo vete bajar a toda ostia con las alforjas

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  2. Y dale con las alforjas! jajaja. Felicidades Dani y Cía.

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